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miércoles, 23 de febrero de 2011

[Fiesta de disfraces] by Nagi [Ken x Chikusa]

El Vongola les había invitado a una fiesta de disfraces. La verdad es que, al principio, le habia extrañado el hecho de que invitara a los Kokuyo, pero había aprendido a no extrañarse con las ocurrencias del capo. Tenían que, obligatoriamente, ir disfrazados de forma que no se les reconociera a simple vista. El objetivo, según el bebé arcobaleno, era ''fomentar el compañerismo y reconocerse para afianzar mas los lazos de la familia''.

Cómo sea, habían sido obligados a salir de Kokuyoland y entrar a la base por separado para ''no reconocerse antes de tiempo''. Cuando llega a la sala de baile se queda algo sorprendido. Había bastante gente, de hecho no pensaba poder reconocerlos a todos. De repente ve como el bebé se sube al escenario y habla:

-Ciaossu bueno, como ya sabeis esta es una fiesta de disfraces. El que mas personas reconozca obtendrá un premio. Quiero que sepais que no debeis, y no es un consejo sino una orden, actuar como lo haríais normalmente, y quien lo haga será castigado. Espero que disfruteís de la fiesta.- siempre directo al grano.

La verdad es que él no sabía qué hacer. Nunca había estado en una fiesta y menos de disfraces, asi que anda muy perdido. Ve al arcobaleno vigilando, asique se dispone a actuar, cosa que tampoco sabe hacer. Después de comer, para lo que tiene que reprimirse mucho, se dirige hacia una esquina donde hay algunas chicas esperando a ser sacadas a bailar.

-¿Me concede este baile señorita?-¿había sonado tan pomposo como él cree? Se da asco de solo pensarlo, él no es así y esperaba no llegar a serlo nunca.

-Claro, caballero- ¿esa chica estaba actuando o no? cree reconocer su voz pero no dice nada.

Después de bailar con la chica misteriosa y sacar a bailar a otras dos, se cansa de tanto fingir y hace algo que es mas de su estilo. Se va a la zona del bar, donde pide una copa no-tan-ligera-de-alcohol. Despues de casi media hora y con una borrachera que está empezando a ser significante, ve como se le acerca un tipo. El hombre misterioso pide tambien una copa recargadita. Durante la primera media hora no hablan, pero luego empiezan a confensar lo malo que tiene ser ellos. Moderan lo que cuentan porque Reborn está lo suficientemente cerca para oirlos. Acaba la fiesta despues de que el capo Vongola adivinara al 80% de los invitados. Sin embargo, él no quiere despedirse del hombre enmascarado y al parecer éste es de la misma opinión, asique empiezan a caminar juntos.

Entre los laberinticos tuneles de Vongola no se deberian dejar sueltos, y menos solos, a dos borrachos frustrados con sus vidas, porque pueden ocurrir muchas cosas.

Mientras andan, él va pensando en muchas cosas, por ejemplo, quiere saber la identidad de ese misterioso sujeto. No sabe cómo ni por qué pasa pero lo siguiente que sabe esque le esta metiendo la lengua hasta el esófago. Aquel hombre está correspondiendole, eso es bueno ¿no?. Ni lo sabe ni le interesa, lo unico en lo que puede pensar en estos momentos es en encontrar una habitación vacía. Sus sentidos se difuminan, solo puede saber con claridad que ninguno de ellos se quitan la mascara en ningun momento, y que siente una cantidad de cosas que jamás creyó nunca que podría sentir una persona.

A la mañana siguiente se encuentra solo. Mira a su alrededor y ve que realmente eso no es una habitación. Al parecer es un salón olvidado que ya nadie usa. Se encuentra desnudo, con la mascara todavía puesta, y el hombre misterioso no se encuentra allí. Camina hacia Kokuyoland hecho un mar de dudas ¿quién era ese hombre?, ¿le habría quitado la máscara mientras dormía?, ¿por qué había sentido tantas cosas por un aparente desconocido?. La verdad esque no sabía si quería que sus dudas encontrasen respuesta.

Cuando llega a la cocina de Kokuyoland, por llamarlo de alguna forma, ve a Chrome y a Chikusa desayunando. Ve como ambos estan aparentemente contentos y se ve algo: Chikusa tiene un moratón en la muñeca. De repente se da cuenta: el hombre misterioso también lo tenía, en la misma muñeca.

Sin decir nada, simplemente mirandolos mal, se va a su habitación. Definitivamente tiene muchas dudas que responder y lo ha de hacer solo.

jueves, 3 de febrero de 2011

4ª parte [Especial fin de año] by Bianchi [Todos con todos]

Ya la penúltima partee!!! La siguiente será la última ^^. Ya he tardado mucho con esto, lo sé XDD.


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Unos fuertes golpes sonaron en la puerta del local. Ryohei, quien se había quedado tomando algo de beber, se preguntó quién podía ser, pues el local estaba cerrado por fiesta privada. Dejó su vaso sobre la mesa y fue a abrir la puerta para decirle a quien quiera que fuese que se marchase.

-¡Oiiii! ¡Abrid la puerta! –se escuchó una potente y enérgica voz proveniente desde fuera.

-¡Oiiii! ¡Esto es una fiesta privada! –respondió Ryohei a voz de grito también.

-¡Estúpido! ¡Tenemos invitación! –gritó la otra voz.

-¡¿Invitación extrema?! ¡Entonces enséñamela! –replicó Ryohei gritando.

Abrió entonces la puerta de golpe y se encontró cara a cara con tres de los Varia: Xanxus, Squallo y Belphegor. Ryohei enmudeció, sin saber muy bien qué hacer con ellos. Squallo le plantó entonces la invitación en la cara.

-¡Vale! ¡Vale! ¡Podéis entrar! –protestó quitándose el papel de la cara-. ¡Pero cuidado con lo que hacéis!

-¡Oiiii! ¡¿Cómo te atreves a decir eso?! –replicó Squallo-. ¡Vas a enterarte de quién soy yo!

Squallo hizo ademán de ir a encararse con Ryohei pero Xanxus lo agarró del hombro y lo detuvo. Squallo miró a su jefe con cara de no entender, pero cuando Xanxus esbozó una sonrisa siniestra, supo que era mejor no interferir. Squallo retrocedió y Xanxus ocupó su lugar mirando fijamente a Ryohei, que no entendía nada.

-Pareces un chico fuerte –dijo Xanxus con una sonrisa-. Me pregunto hasta dónde eres capaz de llegar.

-¿Qué estás diciendo? –gritó Ryohei sin comprender nada-. ¡Yo soy extremamente capaz de llegar a donde sea!

-Me gusta ese fuego en tus ojos –Xanxus sonrió más aún con satisfacción-. Hace tiempo que no me  divierto en condiciones…

El jefe de los Varia avanzó hasta quedar a pocos centímetros de Ryohei, lo cogió por la camisa y lo levantó hasta que quedó a la altura de sus ojos. El boxeador se resistió como pudo, pero Xanxus lo había cogido por sorpresa. No tenía forma de escapar. A Ryohei no le gustaba la forma con la que Xanxus lo miraba, como si fuera un trozo de carne con el que poder jugar antes de comérselo. Detrás de él, Bel y Squallo lo observaban, divertidos, y luego fueron a inspeccionar la sala. Xanxus se llevó a Ryohei a un lugar más privado: la limusina de los Varia.

Entretanto, la ilusión que cubría a Mukuro, Ken y Chikusa llegaba ya a su fin con ellos ya vestidos. Justo en ese instante, entraban de nuevo Tsuna, Gokudera y Dino, los dos primeros con las mejillas sonrojadas y Dino con una sonrisa de satisfacción en el rostro. Miró a su alrededor en busca de Hibari hasta que recordó que había quedado con él en la despensa. Se disculpó entonces con los demás y se adentró en el pasillo. Tsuna y Gokudera no se miraban a la cara. Entonces el décimo Vongola reparó en la mirada que Mukuro tenía fija en él. Había algo en aquel tipo que atraía incontrolablemente a Tsuna y que al mismo tiempo le hacía desconfiar. Mukuro era realmente un gran misterio por resolver.

Como Gokudera parecía estar sumido en sus pensamientos todavía, Tsuna avanzó en dirección a Mukuro, atraído por un aura de seducción que provenía del muchacho del pelo morado. Mukuro lo observaba acercarse sonriendo. Estaba solo, Ken y Chikusa habían ido al baño para lavarse un poco, con lo cual no hacía más que poner las cosas más fáciles. En cuanto estuvo a unos pocos metros de Mukuro, éste los envolvió en una nueva ilusión.

-Tardabas en venir a verme, Sawada Tsunayoshi –dijo, soltando su peculiar risita.

-Mukuro… -Tsuna parecía completamente hechizado por el ilusionista, y no era de extrañar, Mukuro era un hombre realmente atractivo-. Me sorprende que hayas venido a la fiesta.

-Chrome necesitaba tomarse un respiro –respondió el otro-. Y llevaba un largo tiempo aburrido… Sin ver todos.

-Entiendo –respondió Tsuna-. Yo también estaría deseando ver a mis amigos.

Mukuro esbozó una sonrisa. Amigos. Le hizo gracia escuchar aquello. Se levantó de la silla y se acercó a Tsuna, elminando la distancia existente entre los dos. Sus miradas se encontraron. Tsuna estaba como hipnotizado, Mukuro estaba complacido. Acarició el rostro de Tsuna con suavidad sin borrar la sonrisa de su cara. Deslizó la otra mano por debajo de su camiseta, acariciando su abdomen y su pecho con una suavidad que hizo que el Vongola décimo se estremeciese. El guardián de la niebla besó su cuello lentamente, haciendo que Tsuna se estremeciese en cada recoveco de su ser. Sabía que iba a ser un momento intenso como los que había tenido hace un momento.

Mientras tanto, en el baño, Ken había vuelto a quitarse la camiseta para examinar si tenía alguna marca en el cuerpo. Chikusa entretanto cerraba la puerta. Ken seguía mirándose en el espejo cuando Chikusa lo rodeó por detrás. El rubio se sobresaltó.

-¡¿Qué demonios haces?! –exclamó-. ¡Que hagamos eso con Mukuro-sama no significa que quiera hacerlo contig…!

No pudo acabar la frase porque Chikusa lo silenció con un beso.  Ken no se movió. Estaba arrinconado entre Chikusa y el lavabo, aunque si hubiese querido resistirse no le hubiese costado. Ken era demasiado orgulloso como para admitir que aquello le gustaba. Chikusa había sido todo para él desde que eran pequeños, igual que Mukuro. Ellos eran el único mundo que tenía, y a Chikusa no podía engañarlo.

Ken atrajo más a Chikusa hacia sí mientras el otro le acariciaba la espalda haciéndole estremecer. Ambos se dejaron llevar por el momento y se olvidaron de dónde estaban, de por qué estaban allí y de todos los demás que parecían estar ya de por sí entretenidos de una forma u otra.

En la despensa, al parecer Yamamoto ya ha terminado con Hibari. Este último aún no se ha podido incorporar ni subirse siquiera los pantalones. Yamamoto lo contemplaba satisfecho. Sin intercambiar una palabra más, cogió las cajas que su padre le había pedido y volvió a la sala de la fiesta, dejando allí a Hibari para lo que fuese que había ido en un principio.

Al entrar en la sala de la fiesta, se encontró con una sorpresa. Squallo se encontraba charlando con su padre, y al parecer se llevaban bastante bien. El espadachín no sabía cómo reaccionar, pero mientras pensaba, su padre descubrió  que había vuelto y le hizo señas para que se acercase. Tarde, Squallo ya lo había visto. No quedaba más remedio que ir y afrontar lo que fuese que se le viniese encima. Llevó la caja al mostrador, donde estaba su padre.

-Gracias, Takeshi –dijo su padre-. Tienes un amigo realmente simpático –añadió, refiriéndose a Squallo.

-Yo nunca dije que fuésemos amigos –replicó Squallo-. Pero bueno, la verdad es que hacía mucho tiempo que no nos veíamos.

-Ya… Claro… -dijo Yamamoto sin saber muy bien qué responder, aunque no borró su particular sonrisa de su cara.

Como Yamamoto estaba en su mismo lado del mostrador, Squallo alargó la mano y la introdujo dentro del pantalón del muchacho y acarició su miembro sin apartar los ojos de su rostro para observar la reacción del chico. Yamamoto no sabía qué hacer, pues su padre estaba delante y Squallo, divertido, parecía no querer soltarlo. Por suerte, su padre tenía cosas que hacer y no tardó en decirles que fuesen a dar una vuelta por el sitio. Yamamoto no tardó en alejarse del mostrador pero Squallo, quien todavía no lo había soltado, se situó detrás de él, rodeándole la cintura con el brazo libre.

-Busquemos un sitio más apartado –dijo, susurrando por primera vez.

-Va-vale… -respondió Yamamoto sin saber dónde meterse.

Optó al final por salir al patio, era el único sitio que se le ocurría y que estaba más cerca. Seguía nevando, pero no con fuerza. Podían pasar un rato allí sin que nadie los viese. Squallo todavía no lo había soltado, y Yamamoto sabía que aquello se le había puesto muy duro. Ya sospechaba cómo iba a acabar todo aquello. Squallo lo condujo hacia una esquina donde sería más fácil hacerlo. Lo arrinconó contra la pared y le bajó los pantalones sin dejar de masajear el miembro de Yamamoto, quien no sabía qué hacer, pues era la primera vez que tomaban el control sobre él de aquella forma.

Gokudera entretanto miraba con fiereza a Belphegor, quien no dejaba de sonreír.  El príncipe había logrado inmovilizarlo sin que él tuviese tiempo de darse cuenta con sus hilos invisibles, así que sus manos no podían alcanzar sus explosivos. Belphegor soltó su típica risita y tiró de los hilos para atraer a Gokudera como si fuese una marioneta. Gokudera quería resistirse, pero si tiraba demasiado en contra acabaría por cortarse con los hilos. Belphegor lo tenía todo planeado.

-El príncipe va a tener su caramelo –dijo Bel; acto seguido le lamió la mejilla a Gokudera.

-Maldito seas… -musitó Gokudera-. Acabaré contigo.

-Eso ya lo veremos –respondió Belphegor.

Con un rápido movimiento, ambos se encontraron en el suelo, y enseguida Bel se metió debajo de la mesa, tirando de Gokudera para meterlo a él también. El príncipe tenía ganas de divertirse, al parecer. Puso a Gokudera a cuatro patas y se colocó detrás de él. Gokudera no podía resistirse. Bel introdujo sus dedos en el interior de Gokudera, quien reprimió sus gemidos, pues había algo en la forma de actuar de Bel que le atraía. En cierto modo, quería ver cómo acababa aquello. Bel no tardó en bajarse los pantalones también y en acompañar a Gokudera en aquel momento de placer. Sus embestidas no eran suaves, eran constantemente fuertes, totalmente diferente a lo que Gokudera ya había probado, se le hacía casi imposible permanecer en silencio. No quería saber qué estarían pensando los demás que estaban en la sala, pero parecían estar todos bastante ocupados.

Tsuna ya estaba en el suelo, desnudo y abierto de piernas. Mukuro estaba haciendo realmente bien su trabajo. Tenía a Tsuna agarrado por las piernas y lo embestía suavemente mientras contemplaba su cara de gozo en el suelo. A ambos les caían gotas de sudor pero estaban disfrutando como nunca. Mukuro al fin tenía su preciado trofeo, Tsuna, mientras Ken y Chikusa disfrutaban de su momento a solas en el baño, como él sabía.

Ken había acabado postrado mientras Chikusa lo penetraba y jugaba con él. Los gemidos de Ken inundaban la estancia mientras Chikusa lo hacía lo mejor posible para que el otro disfrutase al máximo. Ken no tardó en sentir que se venía, y él y Chikusa lo hicieron juntos. Estaban sucios de nuevo, pero no importaba. Ken se tumbó en el frío suelo para descansar, y Chikusa lo hizo también, a su lado, abrazándolo. Aquel momento no podía ser mejor.

Mientras tanto, en la limusina, Xanxus abusaba con fiereza de Ryohei. Habían pasado ya de los calentamientos a la siguiente fase. Ryohei estaba por primera vez a cuatro patas, cuando de normal solía ser al revés, pero aun así no le pareció una experiencia desagradable, quitando que Xanxus lo trataba como si fuese un perro. El jefe de los Varia no se andaba con rodeos, sus embestidas eran fuertes y muy rápidas, y no dudaba en morder el trasero de Ryohei o arañarle la espalda. Era auténticamente feroz.

martes, 18 de enero de 2011

3ª parte [Especial fin de año] by Bianchi [Todos con todos]

Siento haber tardado tanto n_n. Aquí dejo la continuación jejeje.

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Todavía tembloroso, Gokudera termina de vestirse mientras Yamamoto carga las cajas que su padre le había pedido antes. Gokudera estaba tan cansado que apenas podía mantenerse de pie, pero poco a poco se le fue pasando. Ambos volvieron juntos, sin intercambiar palabra alguna, ni tan siquiera una mirada, a la sala donde estaban todos. Yamamoto fue a darle las cajas a su padre y Gokudera fue a recibir a dos invitados más, que al parecer habían llegado también a través del bazooka de los diez años a pesar de no haber sido alcanzados por él: Lal y Coronello.

-Esa estúpida vaca ya ha estado volviendo a jugar con el bazooka –dijo Gokudera.

-Sea como sea, ya estamos aquí –dijo Coronello-. ¿Dónde está Reborn?

-Me figuro que estará encargándose de esa vaca –respondió Gokudera.

-Será mejor que le ayude –dijo Coronello; le dio un beso a Lal en la mejilla-. Más tarde vuelvo.

-De acuerdo –Lal se fue hacia donde estaban Kyoko y Haru charlando animadamente y se unió a ellas.
Justo en aquellos instantes entraron en la sala Tsuna y Ryohei, el primero con las mejillas encendidas y el segundo con un aire enérgico en la mirada. En cuanto vio que Tsuna entraba en la sala, Gokudera se acercó a él enseguida con el corazón acelerado. Su admirado décimo era mucho mejor que el estúpido del baseball de Yamamoto.

-¡Décimo!

-Um… Ah… Hola, Gokudera-kun –dijo Tsuna sin mucho entusiasmo.

A Gokudera no le sentó muy bien que Tsuna lo tratase con semejante indiferencia, pues para él, Tsuna era mucho más que un amigo, mucho más que un jefe. Aquel comportamiento con su leal mano derecha no era propio del Tsuna enérgico y entusiasmado de siempre.

-Décimo…

-¿Qué ocurre, Gokudera-kun? –preguntó Tsuna.

Por toda respuesta, Gokudera coge a Tsuna de la mano y se lo lleva a fuera nuevamente. Una vez solos, Gokudera lo abraza  con fuerza, preocupado por ya no serle útil.

-Haré todo lo que usted me pida, décimo, todo lo que necesite para sentirse bien… -susurró Gokudera al tiempo que deslizaba la mano hacia los pantalones de Tsuna.

-Go-Gokudera-kun…

Gokudera lo puso de espaldas a él y su mano comenzó a acariciar suavemente su miembro mientras le besaba el cuello suavemente. Por segunda vez en toda la noche, Tsuna no sabía cómo reaccionar, pero como aquello le gustaba no opuso resistencia a lo que Gokudera le hacía. Se sentía bien, se sentía a gusto, el frío que hacía fuera para ellos dos no existía, sus corazones estaban encendidos y el calor se intercambiaba de cuerpos.

En el interior del local, Dino y Hibari siguen besándose recuperando el tiempo perdido de aquellos meses. Hibari apenas se mueve, pero Dino no puede estarse quieto. Pasa sus manos por debajo de la camisa de Hibari, le acaricia la espalda, luego los pezones, después baja hasta sus pantalones donde ya Hibari lo detiene.

-Aquí sería un poco indecente hacer eso –dijo realmente serio-. Más tarde nos vemos en la despensa.

Dino sonrió y lo miró tiernamente, pues Hibari se había sonrojado. Le acarició el cabello y le plantó un suave beso en los labios.

-Nos vemos allí entonces –le susurró al oído.

Dino se separa de él y va a ver si toma algo de beber mientras que Hibari sale de la sala para ir ya a la despensa. Cuando vuelve a girarse y no lo ve, Dino sospecha de a dónde ha ido, pero como él no sabe dónde está la despensa, sale a fuera y se encuentra con Gokudera tocando y besando a Tsuna mientras éste se deja. Lejos de sentirse cohibido o alterado, Dino se siente excitado, y pensando que Hibari puede esperar un poco, se aproxima a ellos. Gokudera tiene bien cogido a Tsuna de la cintura mientras le masajea suavemente el glande. Dino se dispone a ayudar a Gokudera colocándose delante de Tsuna.

-Veo que mi querido hermano está disfrutando mucho –susurró acariciándole la mejilla-. Me parece que me uniré a la fiesta…

Acto seguido besó a Tsuna mientras ayudaba con la mano a Gokudera en la zona baja de Tsuna, a quien cada vez le quedaba menos para irse. Los tres chicos estaban realmente acalorados a pesar del frío que hacía fuera. Tsuna soltaba de vez en cuando gemidos de placer apenas audibles pues Dino aún estaba besándole. Cuando sintió que ya iba a venirse mordió los labios de Dino y el beso de éste se hizo más intenso mientras que él y Gokudera movían sus manos con más intensidad. No tardaron en hacer que Tsuna se viniese. El muchacho se quedó exhausto, ya era la segunda vez que se venía en la noche. Dino y Gokudera se separaron de él y Tsuna se apoyó en la pared, abrochándose el pantalón. Dino sonrió abiertamente y miró a Gokudera.

-Tú también deberías disfrutar más esta noche –le dijo acercándose a él por la espalda.

-Yo… -Gokudera no sabía qué hacer ni qué decir.

No obstante, Dino era muy rápido y ya le había desabrochado el pantalón. Le acarició las piernas subiendo por las ingles y luego le hizo lo mismo que le había hecho a Tsuna mientras que con la mano libre se desabrochaba él el pantalón. Entre tanto, Tsuna los miraba. Dino pasó la mano libre entre las nalgas de Gokudera.

-Vaya, parece que no soy el primero que ha pasado por aquí hoy –dijo al notar más dilatación de la normal.

-Eso no te incumbe… -dijo Gokudera, paralizado.

-Bueno, hará las cosas más fáciles… -susurró Dino, lamiéndole el cuello.

Ayudándose con la mano, su glande entró en Gokudera y comenzó a embestirle suavemente. Tsuna quiso dejarles intimidad, así que entró dentro con los demás. En ese instante, el padre de Yamamoto vuelve a mandar a éste a la despensa, con lo cual sale nuevamente de la sala. Al entrar, se encuentra con Hibari, quien lo mira fríamente al ver que no se trata de Dino. Yamamoto le dirige una sonrisa.

-¿Esperas a alguien? –preguntó.

-¿Qué te importa? –respondió Hibari bruscamente.

Yamamoto entonces se acercó y lo arrinconó contra la pared, tal y como había hecho antes con Gokudera, dejando su cara a escasos centímetros de la de Hibari, la respiración del cual se aceleró a la par que sus latidos. El color acudió a sus mejillas.

-Me importa porque no quiero dejar sola una carita como la tuya –respondió Yamamoto.

Acto seguido lo besó con fiereza, algo a lo que Hibari trató de resistirse pero luego no pudo y comenzó a dejarse llevar. Yamamoto desabrochó con energía la camisa de Hibari y le acarició el pecho y la espalda con frenesí mientras bajaba sus besos al cuello y luego al pecho. Llegados a este punto, Hibari ya no ofrecía resistencia alguna y se dejaba guiar por Yamamoto, aunque su mente estaba puesta en Dino, que parecía tardar más de lo normal en llegar.

Yamamoto lo tumbó bocarriba encima de unas cajas y le bajó los pantalones con fiereza. Hibari no sabía qué hacer, no sabía cómo parar a Yamamoto, y tampoco sabía si quería en realidad pararlo o no. Entretanto, Yamamoto ya se había desabrochado el pantalón e introducía su miembro en Hibari, quien no pudo reprimir varios gemidos cuando Yamamoto comenzó a embestirle. Ambos no tardaron en estar empapados en sudor.