martes, 26 de abril de 2011

Serenata Yamamoto x Gokudera [8059]

Bueno, aquí os dejamos un doujin para descargar que esperamos que os guste ^^.


Los doujin que colguemos en el blog para descargar no los hemos hecho nosotras, únicamente queremos compartirlos con las fans.


Gracias a todas las que nos seguís ^^.


Ficha

Título: Serenata
Anime: Katekyo Hitman Reborn!
Género: Soft yaoi
Pareja: Gokudera y Yamamoto 8059


martes, 5 de abril de 2011

[Apaga la luz] by Bianchi [Shoichi x Spanner]

Ñeeeñeñeñeñeñe!! Perdón por tardar tanto en actualizar!! ^^. Ultimamente todas andamos liadas con los exámenes y esas cosillas así que a duras penas tenemos tiempo de ponernos a escribir decentemente... Pero aquí llega una bonita historia hecha por mí de nuestro timidillo Shoichi y nuestro dulce dulce Spanner *.*

Espero que guste ^^. Recomendadnos!!

_____________________________________________________


Eran más de las doce de la noche pero todavía había luz en la habitación de Spanner. Desde el otro lado del pasillo, tumbado en su cama, Shoichi se preguntaba qué era lo que andaba construyendo ahora. Siempre pasaba igual, se pasaba despierto hasta tarde y se ponía a trabajar ya muy de mañana, Shoichi nunca lo había visto dormir. Durante todas aquellas noches que pasaba en vela esperando… Siempre pensaba en cómo era, en su cabello rubio, sus ojos azules, el tatuaje de su cuello… Esperando a que él viniese a su cuarto y le desease un dulce “buenas noches” seguido de un beso en la frente. Aquello nunca pasaba, Shoichi lo esperaba noche tras noche y jamás se había dado el caso de algo similar. No sabía si quería cambiar las cosas, tal vez estuviesen mejor así.

No obstante aquella noche cambió de opinión, decidió luchar por lo que él quería. Se levantó, se puso las gafas y fue a ver qué era lo que tramaba Spanner aquella vez. Se quedó en el marco de la puerta de su cuarto, contemplando al muchacho rubio seguir con la creación de otro de sus numerosos robots para vete a saber tú qué. Spanner estaba tan centrado en su trabajo que no se había percatado de la presencia del pelirrojo, quien lo miraba en silencio desde la puerta esperando a que las palabras pudiesen salir de su boca en condiciones de formar una frase coherente que fuese capaz de sacar a Spanner de su trabajo. No se le ocurría nada, sin embargo, y allí siguió, mudo, hasta que el cansancio le venció y decidió irse a la cama. Otro día será, se dijo. Spanner ni siquiera se percató de que estaba allí, pensó.

A la noche siguiente sucedió igual, Spanner no apagaba la luz, volvía a trabajar hasta tarde, y Shoichi daba vueltas en la cama preguntándose qué era lo que debía decirle. No tenía ningún derecho a exigirle nada, pues no era quien para hacerlo, no era nadie. Spanner y él… Tan sólo eran amigos, ¿no? A pesar de Shoichi. Se preguntaba por qué Spanner y él habían decidido vivir juntos, por qué lo hacían si eran tan diferentes, de mundos completamente distintos y, aun así, tan parecidos. Shoichi pensaba en lo mucho que Spanner le gustaba, en lo mucho que deseaba que, alguna noche, él fuese a su habitación y ambos quedasen abrazados en la misma cama esperando el amanecer de un nuevo día. ¿Y por qué debía querer en silencio? ¿Por qué no iba a decírselo?

Como el día anterior, se levantó de la cama y fue a la habitación de Spanner. Shoichi nunca comprendió cómo podía dormir ahí, había herramientas y piezas metálicas por todas partes. El escritorio estaba lleno de cables y planos, los cuales también llenaban las cuatro paredes de la habitación. La cama era lo único que parecía libre de objetos y ello era señal de que Spanner dormía alguna vez, aunque no lo pareciese. Shoichi lo contempló trabajar, tan centrado como siempre mientras saboreaba una de sus piruletas. Se preguntó si se habría dado cuenta de que él estaba allí.

Confiaba nuevamente en hallar las palabras adecuadas que decirle, pero nada decente acudía a su mente para socorrerle, así que volvía a estar como el día anterior, silencioso contemplándole trabajar. Pensó que podría acostumbrarse a ello. Cuando el cansancio estuvo a punto de hacer mella en él, algo lo retuvo en la habitación.

-Shoichi –era Spanner, quien al parecer sí se había dado cuenta de la presencia del muchacho pelirrojo aquellas dos noches-. ¿Acaso querías decirme algo? –preguntó, apartando la vista por primera vez del artilugio con el que estaba trabajando.

Shoichi se sonrojó ante la repentina pregunta del otro. No acudió una respuesta clara a su mente, las palabras se escabullían y se le resbalaban como el agua entre los dedos, sin poderlas atrapar. Tartamudeó unos instantes antes de poder decir algo claro.

-Oye, Spanner –logró decir al fin-. ¿Tú por qué viniste a vivir conmigo? –fijó la vista en el suelo mientras hablaba.

Spanner meditó su respuesta, pensativo. El rostro de Shoichi había adquirido un tono rojizo casi igual al de su propio pelo. El muchacho esperó la respuesta, sin saber muy bien qué era lo que quería oír. Cada segundo que pasaba en silencio era una tortura constante. El tic tac del reloj de la habitación no mejoraba mucho las cosas. Su corazón latía desmesuradamente fuerte, como si un caballo desbocado galopase en su interior tratando de salir de su pecho.

-Porque quería pasar más tiempo contigo, Shoichi –respondió Spanner finalmente.

-Y entonces, ¿por qué pasas tanto tiempo aquí? –preguntó Shoichi, pensando que si no aprovechaba aquel momento para hablar de lo que sentía, no habría ningún otro que pudiese aprovechar.

-Porque cuando estoy con Shoichi a solas me pongo nervioso –reconoció Spanner, bajando la mirada-. La mecánica logra distraerme de eso.

-A mí siempre me pareció que nos distanciaba… -Shoichi no sabía qué pensar de aquello, no sabía qué debía decir al respecto, no sabía cómo decir lo que quería decir, no sabía cómo preguntar lo que quería preguntar. En aquellos momentos no sabía si quiera por qué letra empezaba su propio nombre.

Un silencio tenso inundó la habitación. Tanto Shoichi como Spanner miraban al suelo. Spanner había dejado sus herramientas a un lado mientras había estado hablando con Shoichi, y esto no le había pasado desapercibido al pelirrojo, pero aun así… ¿Cómo decir lo indecible si no hay palabras suficientes para plasmar los sentimientos?

-Puede sonar estúpido… -Shoichi decidió romper el silencio que reinaba en el cuarto sincerándose de una vez, liberando aquel deseo que tanto guardaba en su corazón, sin importar lo que pudiese pasar de allí en adelante, sintió que ya no podía más-. Pero… Todas las noches sigo esperando que pares de trabajar y me des las buenas noches con un beso…

Spanner lo miró fijamente. Shoichi estaba ya de un color rojo salmón, equiparable casi al de un tomate robusto, y entonces, como si fuese lo más obvio del mundo, respondió:

-Pero si ya lo hago, Shoichi.

Aquella respuesta sorprendió al muchacho, quien no terminaba de creer lo que escuchaba.  Su corazón era una explosión de sentimientos en su pecho, una lluvia de emociones que inundaba su alma. Algo tan bueno no podía ser cierto.

-¿De…? ¿De verdad? –preguntó.

-Pues claro –respondió Spanner poniéndose de pie-. Lo hago cuando ya estás dormido porque no soy capaz de hacerlo cuando estás despierto, por eso trabajo hasta tan tarde. Cuando duermes entro en tu habitación, te arropo lo mejor que puedo y te susurro buenas noches despidiéndome con un beso en la frente.

-¡¿Por qué?! –exclamó Shoichi, incrédulo.

-Porque Shoichi-kun me gusta –respondió Spanner.

Los separaba apenas un metro, un metro tan sólo, y sin embargo era como si se tuviesen tan sólo a unos pocos centímetros. Nunca habían estado tan cercanos el uno del otro en lo referente a sus sentimientos. Shoichi ya no sabía si era invierno o estaban en pleno agosto, si era lunes o quizá era viernes, sábado, domingo, ¿qué más daba? Sólo sabía lo que Spanner acababa de decir…

-A mí… También me gusta Spanner… -musitó por toda respuesta, muriéndose de vergüenza.

Spanner sonrió. Dejó en el escritorio su piruleta, se colocó detrás de Shoichi y le rodeó la cintura. El corazón del pelirrojo no podía estar más lleno, más satisfecho, más enamorado. Aquella noche, al fin, la luz de la habitación de Spanner se apagaría antes de lo normal. El muchacho rubio acercó sus labios a la oreja del muchacho y susurró:

-Bueno, pues entonces, vayámonos a dormir.

sábado, 26 de marzo de 2011

Generation X News!

Bueno, como tod@s sabéis, el anime terminó, pero el manga sigue, dándonos la oportunidad de crear más parejas yaoi, como Tsuna y Enma, Ryohei y Koyo, Julie y Enma, etc.

Los rumores sobre una nueva temporada de anime son cada vez más fuertes, y creo que se confirman con estos 4 videos que dejamos a continuación que parece ser que contienen el audio del primer capítulo de la temporada Shimon ^^. Parece ser que tenemos nuevo anime ^^.


Se despide Bianchi ~

Janee!! ^^

miércoles, 16 de marzo de 2011

[Dolce] by Iqus-sama [Yamamoto x Hibari]

Amaneció nublado. El cielo se podía ver a través de la ventana desde la cama. Yamamoto estaba pensativo. Pensaba cómo iban a cambiar las cosas a partir de ahora. Se preguntaba si serían cambios para bien, o cambios para mal. Tal vez incluso no hubiesen cambios y quedase en un error.

Sí, tal vez. Tal vez se quedase en eso.

Mientras tanto, ¿qué importaba disfrutar de los últimos instantes de los que disponían? Tal vez, cuando despertase, él ya no querría saber nada más.

Miró tiernamente a su compañero, quien dormía bocabajo respirando pausadamente. Ambos estaban desnudos, y Yamamoto no podía evitar sonrojarse al recordar la noche anterior. Recordaría aquella noche toda su vida, ocurriese lo que ocurriese después.

Se posó en la ventana un pequeño pájaro amarillo que silbaba una dulce melodía. Yamamoto sonrió. El pájaro sobrevoló la habitación y se posó sobre la cabeza de su compañero. Hibari abrió los ojos y miró a Yamamoto.

-Buenos días –le dijo éste, con una sonrisa.

-Buenos días… -respondió el otro, con voz dormida.

-¿Te apetece desayunar? –preguntó, tratando de retrasar el momento que los separaría.

-No veo por qué no –respondió Hibari.

Ambos se levantaron y, todavía desnudos, se dirigieron a la cocina. Yamamoto, como de costumbre, bromeaba y tonteaba, haciendo como que no sabía qué pasaría después. Aun si iba a ser un error, nada le empañaría los pocos momentos de felicidad que le quedaban.

jueves, 10 de marzo de 2011

miércoles, 23 de febrero de 2011

[Fiesta de disfraces] by Nagi [Ken x Chikusa]

El Vongola les había invitado a una fiesta de disfraces. La verdad es que, al principio, le habia extrañado el hecho de que invitara a los Kokuyo, pero había aprendido a no extrañarse con las ocurrencias del capo. Tenían que, obligatoriamente, ir disfrazados de forma que no se les reconociera a simple vista. El objetivo, según el bebé arcobaleno, era ''fomentar el compañerismo y reconocerse para afianzar mas los lazos de la familia''.

Cómo sea, habían sido obligados a salir de Kokuyoland y entrar a la base por separado para ''no reconocerse antes de tiempo''. Cuando llega a la sala de baile se queda algo sorprendido. Había bastante gente, de hecho no pensaba poder reconocerlos a todos. De repente ve como el bebé se sube al escenario y habla:

-Ciaossu bueno, como ya sabeis esta es una fiesta de disfraces. El que mas personas reconozca obtendrá un premio. Quiero que sepais que no debeis, y no es un consejo sino una orden, actuar como lo haríais normalmente, y quien lo haga será castigado. Espero que disfruteís de la fiesta.- siempre directo al grano.

La verdad es que él no sabía qué hacer. Nunca había estado en una fiesta y menos de disfraces, asi que anda muy perdido. Ve al arcobaleno vigilando, asique se dispone a actuar, cosa que tampoco sabe hacer. Después de comer, para lo que tiene que reprimirse mucho, se dirige hacia una esquina donde hay algunas chicas esperando a ser sacadas a bailar.

-¿Me concede este baile señorita?-¿había sonado tan pomposo como él cree? Se da asco de solo pensarlo, él no es así y esperaba no llegar a serlo nunca.

-Claro, caballero- ¿esa chica estaba actuando o no? cree reconocer su voz pero no dice nada.

Después de bailar con la chica misteriosa y sacar a bailar a otras dos, se cansa de tanto fingir y hace algo que es mas de su estilo. Se va a la zona del bar, donde pide una copa no-tan-ligera-de-alcohol. Despues de casi media hora y con una borrachera que está empezando a ser significante, ve como se le acerca un tipo. El hombre misterioso pide tambien una copa recargadita. Durante la primera media hora no hablan, pero luego empiezan a confensar lo malo que tiene ser ellos. Moderan lo que cuentan porque Reborn está lo suficientemente cerca para oirlos. Acaba la fiesta despues de que el capo Vongola adivinara al 80% de los invitados. Sin embargo, él no quiere despedirse del hombre enmascarado y al parecer éste es de la misma opinión, asique empiezan a caminar juntos.

Entre los laberinticos tuneles de Vongola no se deberian dejar sueltos, y menos solos, a dos borrachos frustrados con sus vidas, porque pueden ocurrir muchas cosas.

Mientras andan, él va pensando en muchas cosas, por ejemplo, quiere saber la identidad de ese misterioso sujeto. No sabe cómo ni por qué pasa pero lo siguiente que sabe esque le esta metiendo la lengua hasta el esófago. Aquel hombre está correspondiendole, eso es bueno ¿no?. Ni lo sabe ni le interesa, lo unico en lo que puede pensar en estos momentos es en encontrar una habitación vacía. Sus sentidos se difuminan, solo puede saber con claridad que ninguno de ellos se quitan la mascara en ningun momento, y que siente una cantidad de cosas que jamás creyó nunca que podría sentir una persona.

A la mañana siguiente se encuentra solo. Mira a su alrededor y ve que realmente eso no es una habitación. Al parecer es un salón olvidado que ya nadie usa. Se encuentra desnudo, con la mascara todavía puesta, y el hombre misterioso no se encuentra allí. Camina hacia Kokuyoland hecho un mar de dudas ¿quién era ese hombre?, ¿le habría quitado la máscara mientras dormía?, ¿por qué había sentido tantas cosas por un aparente desconocido?. La verdad esque no sabía si quería que sus dudas encontrasen respuesta.

Cuando llega a la cocina de Kokuyoland, por llamarlo de alguna forma, ve a Chrome y a Chikusa desayunando. Ve como ambos estan aparentemente contentos y se ve algo: Chikusa tiene un moratón en la muñeca. De repente se da cuenta: el hombre misterioso también lo tenía, en la misma muñeca.

Sin decir nada, simplemente mirandolos mal, se va a su habitación. Definitivamente tiene muchas dudas que responder y lo ha de hacer solo.

lunes, 21 de febrero de 2011

[Desde el corazón] by Bianchi [YamaGoku]

Todos estaban disfrutando de una agradable cena en la base Vongola después de un largo día de entrenamiento. Sin embargo, los chicos no podían ocultar su agotamiento, Yamamoto incluso cayó dormido en la mesa. Tsuna charlaba animadamente con todos, sin embargo notó a Gokudera demasiado callado. No era que se le viese cansado, sino más bien se le veía distante, en otro mundo, lejos de sus amigos. Tsuna no pudo evitar preocuparse por él.
-Gokudera-kun, ¿por qué no te unes a la conversación? –le preguntó Tsuna.
-Lo siento décimo –respondió Gokudera levantándose de su silla sin haber probado bocado.
Salió de la habitación sin decir una palabra más. Su hermana Bianchi lo observó marcharse con gesto de preocupación y culpabilidad en la mirada, sin embargo, continuó dándole de comer a Reborn como si nada. Tsuna se quedó preocupado por Gokudera y se preguntó si Bianchi tenía algo que ver con lo que le pasaba.
Una vez hubo terminado la cena y las chicas lo hubieron recogido todo, en la cocina solo quedaron Yamamoto (quien todavía estaba durmiendo sin haber probado absolutamente nada de su cena) Tsuna y Reborn, quienes estaban hablando. Aún preocupado por lo que le pasaba a Gokudera, Tsuna se lo hizo saber a Reborn.
-No debes preocuparte por él –le dijo el arcobaleno-. Gokudera ha tenido una infancia difícil, tal vez Bianchi le dijo algo que le molestara para motivarlo más en su entrenamiento.
-¿Infancia difícil? –Tsuna cayó en la cuenta de que no tenía ni idea del pasado de Gokudera en Italia hasta que un día apareció en Japón para ser su mano derecha. Reborn lo sabía, así que asumió que debía contárselo.
-Verás, Gokudera proviene  de una familia mafiosa de Italia –comenzó a contar Reborn-. Concretamente es el hijo del capo, igual que Bianchi. La diferencia entre ellos dos es que Bianchi es la hija legítima del capo, Gokudera no.
Tsuna se sorprendió al oír aquello. ¿Gokudera y Bianchi no eran hijos de la misma madre? ¿Tal vez era aquello lo que hacía que Gokudera tuviese cierto resentimiento hacia ella? (Aparte del largo envenenamiento  en su infancia).
-La madre de Gokudera era una respetada pianista muy famosa en Italia –prosiguió Reborn-. El padre de Gokudera fue cortejándola poco a poco en secreto. Un día ella llegó a la residencia de la familia con un pequeño en brazos, insistiendo en que era el hijo del capo. Ello hizo que le quitaran al niño. El padre de Gokudera le permitió que fuese a ver a su hijo sólo tres veces al año, y no podía decirle que ella era su madre. Bajo estas condiciones, ella visitó a Gokudera durante unos cuantos años. Para Gokudera tan sólo era una mujer encantadora que le enseñaba a tocar el piano –Tsuna escuchaba conmovido la historia de Gokudera mientras Yamamoto seguía inmóvil durmiendo en la misma posición-. Pero un año, la madre de Gokudera murió en un accidente de coche –el décimo Vongola quedó paralizado ante la noticia-. Al parecer alguien manipuló los frenos de su coche, y al ir a ver a su hijo el día de su cumpleaños se salió de la carretera precipitándose al vacío.
-¿Fue cosa del padre de Gokudera? –preguntó Tsuna.
-Seguramente –respondió Reborn, completamente serio-. Pero no hay pruebas de ello. Gokudera se enteró de quién era su madre cuando tenía ocho años, se lo oyó decir a una criada. Fue entonces cuando huyó de casa –prosiguió Reborn-. Pasó los años en la calle solo, sobreviviendo como podía, metiéndose siempre en peleas… Por eso cuando se enteró de que tú ibas a ser el décimo Vongola vino aquí, simplemente para tener un lugar al que permanecer y defender ese lugar hasta la muerte.
-Ya veo… -musitó Tsuna.
-Así que es eso lo que le pasa –dijo Yamamoto, alzando la cabeza de repente.
-¡Ya-Yamamoto! –exclamó Tsuna, sobresaltado.
-Jajaja. Lo siento, Tsuna –dijo Yamamoto-. No quería interrumpir a Reborn, así que hice como que dormía.
Reborn esbozó una sonrisa. Sabía que Yamamoto haría algo por Gokudera para no dejarlo así.
-Bueno, Tsuna, es hora de que sigas con tu entrenamiento –dijo, saltando de repente de su silla y dándole una patada en la cara al Vongola-. Iré a ver como lo haces.
-¡Vale! ¡Pero no hace falta ser tan brusco, Reborn! –protestó Tsuna.
Ambos salieron de la cocina y dejaron solo a Yamamoto. El espadachín comenzó a pensar algo que pudiese animar a Gokudera. Lo cierto era que, con el entrenamiento que estaban teniendo, Gokudera y él apenas habían tenido tiempo de estar juntos, por no decir casi nada, así que no se le ocurría qué podía hacer para que él se sintiese mejor. Falto de ideas, decidió que lo mejor sería ir a hablar con Bianchi. Cenó rápidamente, pues estaba muerto de hambre, y salió corriendo en busca de la hermana de Gokudera.
La encontró en su habitación, una estancia realmente grande. Ella estaba tocando el piano. Paró cuando vio que Yamamoto estaba plantado en la puerta, sin saber si interrumpirla o no. La muchacha tenía una ligera idea de por qué había venido a verla.
-Esto… Hola –dijo Yamamoto, sin saber muy bien cómo plantearle el tema-. Reborn me contó lo sucedido con Gokudera y su madre…
-Sí, me imagino que lo contó a las personas más importantes en la vida de Hayato –respondió ella, esbozando una leve sonrisa-. Lo cierto es que quiero que se esfuerce en este entrenamiento, es por ello que herí sus sentimientos.
-Ya veo… -dijo Yamamoto-. La cosa es… Me gustaría prepararle una sorpresa para que estuviese más animado, pero… -Yamamoto bajó la mirada, apenado-. No se me ocurre qué podría hacer yo.
Bianchi cerró los ojos, sonriendo. Se levantó del asiento del piano y puso una mano sobre el hombro de Yamamoto.
-Aunque no lo demuestre, Hayato agradece mucho que estés a su lado lo máximo posible –dijo ella-. Pero hay veces en las que es muy difícil hacer que vuelva a ser él mismo…
-¡Pero tiene que haber alguna forma! –protestó Yamamoto, obstinado en creer que debía hacer lo que fuese para animar a Gokudera.
-¿Qué estarías dispuesto a hacer por él? –preguntó Bianchi-. ¿Hasta dónde llegarías?
-Yo… Daría hasta mi vida por él –respondió Yamamoto con firmeza en la mirada-. Haría lo que fuese por volver a ver su sonrisa.
Bianchi sonrió, satisfecha. No iba a dejar al alcance de cualquiera la forma de acceder al corazón de su hermano, ya que, aunque no fuesen hijos de la misma madre, ella lo quería y se preocupaba por él. Sabiendo que podía confiar en Yamamoto, fue hacia su escritorio y sacó de uno de los cajones una partitura. Se la entregó al muchacho.
-Es una canción que le tocaba su madre cuando era niño –le dijo-. Es una nana.
Yamamoto miró la partitura. Entendía lo que Bianchi esperaba de él. No tenía ni idea de cómo tocar un piano, pero por Gokudera aprendería a tocar hasta la flauta travesera si hacía falta. Inmediatamente se sentó en el banquete del piano y comenzó a mirar las teclas. Bianchi lo observó atentamente durante cinco minutos, hasta que se apiadó de él y le dijo qué tecla era cada nota. Con esta pequeña ayuda, Yamamoto comenzó a tocar el piano, aunque con torpeza.
-Me parece que hoy me buscaré otro sitio donde dormir –dijo Bianchi, satisfecha-. Que tengas suerte, Yamamoto.
El chico no contestó, estaba demasiado concentrado en aprender aquella nana para que Gokudera volviese a sentirse bien. No importaba cuanto le costase, Gokudera volvería a sonreír. Pasaron los minutos y las horas, Yamamoto no durmió aquella noche, pero todo aquel esfuerzo dio sus frutos, ya que había logrado aprender la nana de Gokudera a la perfección. No perdió el tiempo y salió corriendo de la habitación en busca de Gokudera.
Lo encontró en la biblioteca, dormido sobre un montón de libros. Yamamoto se acercó, sin saber si debía o no despertarle. Las gafas se le habían torcido y mechones de pelo se habían soltado de su coleta. Yamamoto no pudo evitar pensar que estaba hermoso de todas formas. Alargó la mano para quitarle las gafas y que durmiese más cómodamente, pero entonces Gokudera se despertó.
-¿Se puede saber qué haces aquí, idiota del béisbol? –preguntó Gokudera de mal humor, incorporándose mientras se frotaba los ojos y se colocaba bien las gafas.
-Siento haberte despertado –respondió el otro.
-No, está bien –dijo Gokudera desperezándose-. He de seguir con esto.
-Gokudera…
-¿Qué quieres? –preguntó con esa brusquedad que era tan típica en él.
-Tan sólo ven.
Yamamoto lo cogió de la mano y lo llevó fuera de la biblioteca. Al principio Gokudera protestó, pero viendo que no le quedaba otra, decidió que era mejor dejar que Yamamoto le mostrase lo que fuese para luego volver a concentrarse en el trabajo. Se percató de que iban hacia el cuarto de Bianchi.
-Eh, espera, yo no quiero entrar ahí –dijo Gokudera, deteniéndose en la puerta.
-No estará ella, te lo prometo –insistió Yamamoto-. Tan sólo ven.
A regañadientes, Gokudera siguió a Yamamoto al interior del cuarto de su hermana. Lo hacía simplemente porque él le importaba, y sabía que llevaban un tiempo distanciados. Pasar por lo menos un poco de tiempo más juntos antes de volver al entrenamiento. Pasar algo de tiempo juntos antes de infiltrarse en la base Mellone, porque quién sabía si iban a poder regresar.
Se sorprendió cuando Yamamoto se sentó en el banquete del piano de su hermana. Gokudera se sentó a su lado, preguntándose cuando había aprendido Yamamoto a tocar el piano. Cuando éste último comenzó a tocar, abrió los ojos con sorpresa al reconocer la melodía que tocaba. Sus ojos se llenaron de lágrimas, sus puños se cerraron mientras él se contenía por no llorar, aunque era inútil. Yamamoto seguía tocando, tocaba con el corazón para que Gokudera se sintiese bien, para que Gokudera se diese cuenta de que no estaba solo, de que no volvería a estar solo nunca más. Yamamoto estaba entregando su corazón a Gokudera con aquella pieza de piano, igual que su madre lo había hecho tiempo atrás cuando la tocaba para él.
-Ya… Yama… moto… -musitó Gokudera.
Yamamoto terminó de tocar elegantemente y posó una tierna mirada sobre Gokudera, quien apenas podía ver nada debido a las lágrimas. Yamamoto pasó un brazo sobre sus hombros y lo atrajo hacia él en un cariñoso y tierno abrazo que hizo que Gokudera se deshiciese en lágrimas finalmente. Yamamoto lo abrazó fuertemente.
-Gracias… -susurró Gokudera, más calmado- Yamamoto…
-Yamamoto no es feliz si Gokudera no es feliz –musitó Yamamoto acariciando el cabello plateado de Gokudera.
-¿Cómo lo supiste…?
-Tu hermana me dijo como –respondió-. Sabes que ella también te quiere.
-Sí… Más tarde se lo agradeceré –dijo Gokudera, sin soltarse del abrazo de Yamamoto.
Yamamoto sonrió, satisfecho. Al parecer, Gokudera ya se había desahogado, ya se sentía mejor y no le guardaba rencor a su hermana por lo que fuera que ella pudiese haberle dicho. Permanecieron así sentados, en silencio, durante un rato.
-Gokudera…
-¿Sí?
-Te amo.
-Yo también –dijo, tras unos segundos de duda, pues no era un chico muy dado a expresar sus sentimientos.
-Pase lo que pase en la base Mellone, Gokudera… -prosiguió Yamamoto-. Regresaremos.
-Sí…
-Y… Volveré a tocarte esta canción…
…Una canción cargada de sentimiento…
…una canción nacida del corazón…
…de las personas que más te aman en el mundo…
…una canción que es para ti, Gokudera…
…de tu madre…
                                                                                                    …y de mí.